Y es que no todo es tragedia en estos tiempos de pandemia, porque la vida continúa, porque también hay buenas noticias, porque el amor está vivo. Juana lo sintó en carne propia y la emoción fue tal, que le hizo olvidar por un instante el molestoso barbijo que ahora estamos obligados a utilizar para preservar nuestras vidas.

Ocurrió el 28 de agosto, en una de las ciudades más frías de Bolivia, donde el termómetro suele registrar temperaturas bajo cero con más frecuencia de la que quisiera cualquiera de sus habitantes, aún amando a esa urbe con todo el corazón, como debe ser para un buen alteño.

Muy temprano, Joel llegó con un ramo de rosas rojas hasta su vivienda de ladrillo visto, donde ella tiene su habitación en el segundo piso. Lo hizo acompañado de un grupo de personas, aparentemente familiares y amigos, que tomando en manos globos dorados en forma de letras, armaron el mensaje del organizador frente a su ventana: “¿Quieres casarte conmigo, Juana?”

Unos de pie y otros en cuclillas, todos con sus respectivos barbijos, se pusieron firmes frente a un elegante mariachi vestido de rojo, cuyos integrantes mantuvieron un relativo distanciamiento social, pero no usaron tapabocas porque, obviamente, era imposible hacer su trabajo con ellos.

Ningún show bajo el agua ni una producción cinematográfica acompañada por los amigos, como los pedidos de mano que suelen viralizarse en las redes sociales, aquí solo un grupo de personas y músicos en media calle. Y Betsabé para registrar el momento con un teléfono móvil, quien en medio de su tarea deja escapar un deseo: “¿Quién no quiere una pedida (de mano) así?”.

Los mariachis tocan por más de tres minutos y la demora hace que algunos de los asistentes comenten que es porque ella se está arreglando antes de salir. Luego Juana mira por su ventana, una, dos y hasta tres veces, parece no creer lo que ocurre; finalmente sale de su casa.

Lo hace vestida con un buzo, un gorro y unas chancletas de esas que son cómodas para cuando uno se levanta de cama. No trae barbijo. Queda claro que, para ella, la pandemia no importa un pepino en ese momento y se funde en un abrazo con Joel, que dura casi igual que la larga espera.

El video llegó a manos del periodista Vladimir Callisaya, quien luego lo compartió en su cuenta en Facebook, de donde T-informas recuperó el material para compartirlo con sus lectores.

Aquí te compartimos ese lindo momento.

Espere…

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