Esta pandemia ha promovido el consumo masivo de información a través de medios tradicionales y, sobre todo, de Internet. Los medios de comunicación están mostrando su fuerza y cómo influyen en el estado de ánimo de la sociedad en general.

Me queda claro que la zozobra que creó la llegada del COVID-19 a nuestro país se vio impulsada por los noticieros, agencias de noticias y medios alternativos que atiborraron sus portadas con imágenes de virus y escenas en color rojo. Las noticias negativas y desalentadoras se apoderaron de las pantallas de todos los dispositivos, lo cual generó una conmoción social de desaliento. Los números de contagiados y muertos no ayudaron, aunque los mismos solo reflejaban resultados bajos comparados con lo que vendría después.

Es cierto que mucha gente murió y sufrió por esta enfermedad y el dolor que ha dejado en miles de familias es evidente, todos tenemos un amigo, familiar o cercano que padeció esta terrible situación. No obstante, mi análisis apunta a la sensación que provocan los datos y noticias amarillistas realzados con morbosidad por los medios de comunicación y su impacto en el colectivo.

El ejemplo claro se da en Santa Cruz. El último día de abril, el número de contagios confirmados por las autoridades ascendía a 41. "Santa Cruz no puede salir de la cuarentena. Es imposible pensar que se pueda levantar las medidas de seguridad", afirmaba en ese momento el difunto exsecretario de Salud de la Gobernación cruceña, Óscar Urenda. La gente estaba en cuarentena rígida y los medios de comunicación desnudaban enfáticamente el débil sistema de salud que tenemos con muertos en las calles y en las puertas de las salas de emergencias. El número de contagiado era de 656.

Hoy 21 de agosto en Santa Cruz, se tienen 35 mil con una cantidad promedio de 250 contagios por día. Sin embargo, el ambiente es completamente diferente. Seguimos en una pseudocuarentena con restricción horaria, pero en las calles se respira una normalidad que tan solo puede distinguirse por el mayoritario (mal) uso de barbijos. La cantidad de muertes por la enfermedad es mayor, pero curiosamente en los medios el virus ha perdido fuerza y solo sirve como postilla de estadísticas, similar al informe del clima.

Bajo esta somera explicación, cabe destacar que el porcentaje de contagios y muertes sigue siendo bajo en todo el país. 105 mil, en relación a 11 millones de habitantes, es el 0.95%. Incluso exagerando la figura y multiplicando esta cifra por tres, asumiendo que mucha gente no llega a hacerse el test y se recupera sola en casa, tendríamos un 2.86%.

Entonces, ¿cómo explicamos una reacción tan alarmante de la sociedad en abril frente a otra mucho más relajada en agosto con cifras diametralmente opuestas? Aparentemente, el COVID-19 ya no es tan rentable como en sus inicios para los medios de comunicación. Con seguridad, habrá que organizar posteriormente estudios y coloquios para analizar esta situación y establecer responsabilidades, intereses y ética de todos los líderes (formales o informales) de opinión.

Luis Trino Lopera

*es profesional de la comunicación

NOTA: Este artículo en ningún caso desprecia o minimiza el dolor que sufren aquellos que han perdido gente amada por este virus, tan solo busca algo de objetividad y un cuestionamiento crítico a nuestro consumo de información.