Un bloqueo sistémico en la ruta Santa Cruz-Cochabamba que mantiene cortado el eje central de Bolivia. Al menos siete puntos estratégicos en el Trópico cochabambino han sido cerrados por el transporte libre, que exige indemnizaciones inmediatas por los daños mecánicos causados por el combustible defectuoso.
La medida de presión, de carácter indefinido, asfixia la principal arteria comercial del país y pone a prueba la capacidad de respuesta del gobierno de Rodrigo Paz.
Utilizando sus propias herramientas de trabajo: minibuses, motocicletas y camiones, los movilizados han establecido barricadas en puntos críticos que impiden cualquier tránsito fluido entre el oriente y el occidente:
Los puntos de bloqueo se hallan en Shinahota, Puente Ñ, Puente Chimoré, el kilómetro 191, Ivirgarzama, Cruce Vueltadero y Villa Tunari (Tranca Padresama).
A causa de este perjuicio, los buses de larga distancia se han visto obligados a desviar su trayecto hacia la carretera antigua por los Valles cruceños, incrementando los tiempos de viaje y los costos operativos.
Para los dirigentes del sector en protesta, la situación es insostenible. Denuncian que la gasolina suministrada en las últimas semanas ha generado sedimentos que obstruyen inyectores y dañan bombas de combustible. «No es solo una protesta política; es el daño a nuestra fuente de trabajo», señalaron los portavoces en el Puente Ivirgarzama.
Aunque el Gobierno Central, a través de YPFB y la ANH, anunció el miércoles un mecanismo de resarcimiento mediante un seguro específico para mototaxistas en Santa Cruz, los transportistas de Cochabamba consideran que las medidas son insuficientes y exigen la presencia de ministros en la zona de conflicto.
Si el mecanismo de seguro y resarcimiento prometido por YPFB el pasado 9 de febrero no se agiliza, el bloqueo podría extenderse a otros departamentos, paralizando el país en vísperas de las festividades de Carnaval.





