Desde el Hospital Obrero de Tarija, el presidente Rodrigo Paz «sepultó» formalmente el modelo estatista de las últimas dos décadas para proclamar una nueva era bajo el lema «capitalismo para todos».
Asimismo, el mandatario subrayó la importancia de invertir en tecnología y capital humano para reactivar la economía, en lugar de alimentar la burocracia partidaria.
El discurso buscó conectar con el boliviano de a pie, desde el comercio informal hasta la gran industria. Según el mandatario, el capitalismo no es una etiqueta de élite, sino la realidad cotidiana de supervivencia y progreso del país.
“El boliviano vive y trabaja con capital, desde la señora humilde en su quiosco hasta el empresario más grande”, afirmó.
Asimismo, a tres meses de haber asumido el mando, Paz defendió la medida más impopular y arriesgada de su inicio de gestión: la eliminación de la subvención a los combustibles. Una medida que habría generado un ahorro de $us 400 millones, dinero que, según Paz, «antes se iba al bolsillo de unos cuantos».
En la misma línea, Paz volvió a señalar a las administraciones de Evo Morales y Luis Arce como las responsables del vaciamiento de las arcas públicas. Y denunció que se gastaron más de $us 6.000 millones de forma ineficiente, dejando un país descapitalizado que su gabinete —compuesto por figuras regionales— ahora intenta reconstruir.
“Es como en el negocio en casa: le pagas al banco para tener tus propios bienes. Nosotros estamos saneando la casa para que el recurso humano esté sano y educado”, sentenció.





