La identidad prestada de los políticos en campaña

“Entre discursos y sonrisas fugaces, la política se viste de artificio en tiempos de campaña.”

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En tiempos electorales, los políticos se convierten en personajes itinerantes que recorren plazas, ferias y mercados, extendiendo abrazos y sonrisas que rara vez repiten en su vida cotidiana. De pronto, aparecen en lugares donde nunca habrían puesto un pie, salvo que la necesidad de votos los obligue a disfrazarse de cercanía y humildad.

Son hábiles en el arte del cambio de personalidad: hoy campesino, mañana vecino, pasado empresario. Esa flexibilidad casi teatral les permite amoldarse al público del momento. Pero la adhesión y el respaldo de la ciudadanía no se consiguen con imposiciones ni decretos. Se conquistan con acciones concretas, con coherencia y con resultados, no con técnicas de marketing que buscan seducir sin convencer.

El problema es que la política, en lugar de construirse sobre la honestidad y la convicción, se ha reducido a una serie de gestos superficiales. Los dirigentes compiten en discursos, carisma y simpatía, algunos incluso con dotes oratorias dignas de un escenario teatral. Sin embargo, detrás de esas actuaciones rara vez existe un verdadero programa de servicio público.

De ahí emergen constantemente las contradicciones, las rectificaciones apresuradas, las aclaraciones que nadie pidió y las críticas que terminan en censuras. Todo se vuelve un guion improvisado, una coreografía repetida cada cinco años.

La verdadera identidad del político debería construirse desde la ética, la transparencia y el compromiso, no desde la actuación momentánea. Pero mientras la necesidad siga siendo el motor del ciudadano y la conveniencia el disfraz del candidato, seguiremos observando cómo, cada temporada electoral, los políticos asumen identidades prestadas que se desvanecen tan pronto se cierran las urnas.

(11-09-2025)