Acompañada de una reducida escolta y tras haber recuperado su libertad hace apenas dos meses, la expresidente Jeanine Áñez se presentó hoy en las dependencias de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) en La Paz para exigir la devolución de una serie de objetos personales —computadoras, tablets y teléfonos de última generación— que le fueron incautados durante el violento allanamiento a su domicilio en Trinidad en marzo de 2021.
La escena marca el contraste de la nueva realidad política boliviana: una exjefa de Estado que, tras ser absuelta por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), debe ahora «peregrinar» por ventanillas policiales para recuperar lo que ella califica llanamente como un «robo».
Áñez denunció ante los medios la existencia de una red de negligencia administrativa que impide la recuperación de sus pertenencias. Según su testimonio, muchos de los equipos electrónicos secuestrados estaban incluso sin uso y en sus cajas originales al momento de la detención.
“Reclamo todos los objetos que me secuestraron, pero aquí se están tirando la pelota de un lado a otro. Yo tengo el derecho a reclamar mis cosas porque me robaron”, afirmó la exmandataria, visiblemente molesta por la falta de una cadena de custodia clara.
Uno de los puntos más polémicos de su declaración fue la revelación sobre el destino de sus equipos. Áñez confirmó que el mes pasado logró recuperar un teléfono móvil, pero con una sorpresa inquietante: el dispositivo estaba en poder personal del exministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo.
«No entiendo por qué [lo tenía él], pero así de abusivos son”, lamentó Áñez, sugiriendo que los bienes secuestrados para investigación fueron utilizados como trofeos personales o herramientas de espionaje por las exautoridades del régimen de Luis Arce.
La pregunta que queda en el aire de la FELCC es técnica pero profunda: ¿Dónde están los dispositivos de una expresidenta si no están en el depósito de evidencias? La falta de respuesta inmediata del comando policial sugiere que la «limpieza institucional» que pregona el actual Gobierno aún tiene rincones oscuros por explorar.





