El paradero de Evo Morales se ha convertido en el enigma central de la política boliviana. Tras días de ausencia pública y un hermetismo absoluto por parte del círculo íntimo, el Comandante General de la Policía, Mirko Sokol, confirmó hoy en Sucre que no existe registro alguno de salida del país del exmandatario y líder cocalero. Sin embargo, la aclaración del jefe policial —»al menos por rutas legales»— deja abierta la posibilidad de un escape por las amplias fronteras del país o un repliegue estratégico hacia las zonas más profundas del Trópico de Cochabamba.
La declaración de Sokol ocurre en un momento crítico: con una orden de aprehensión por trata y tráfico de personas y un juicio listo para su apertura en Tarija.
Desde octubre de 2024, Morales se había refugiado en su bastión sindical, protegido por anillos de seguridad de cocaleros. No obstante, en las últimas 72 horas, la falta de apariciones en sus habituales programas radiales o redes sociales ha disparado las alarmas.
De acuerdo al informe oficial del Ministerio de Gobierno y de la Dirección de Migración, Evo Morales no ha cruzado ninguna frontera oficial. Además, el general Sokol aseguró que la Policía está cumpliendo sus funciones de inteligencia «en todos los ámbitos», sugiriendo que el rastreo para su ubicación es constante y nacional.
Y por otro lado, ante el temor denunciado por adeptos evistas de una operación tipo «Maduro», analistas sugieren que Morales podría haber optado por la clandestinidad absoluta dentro de territorio boliviano para evitar la captura.
En paralelo, el Fiscal General del Estado, Roger Mariaca, fue tajante al recordar que la pelota está en la cancha de la fuerza pública. Y ratificó que la orden de aprehensión emanada desde Tarija es plenamente vigente y que su ejecución es una responsabilidad administrativa y operativa exclusiva de la Policía Boliviana.
“Con relación al paradero y los trabajos de inteligencia que tendrían que hacer para ubicarlo, es un trabajo netamente de la Policía”, sentenció Mariaca, desmarcando al Ministerio Público de la demora en la captura.
El caso por el que se busca a Morales no es político, sino criminal: se le acusa de haber mantenido una relación con una menor de edad y haber procreado una hija con ella mientras ejercía la presidencia. Al estar el caso «listo para entrar a juicio», la detención de Morales es el único paso pendiente para iniciar el proceso que podría terminar en una condena histórica.
Mientras la Policía asegura que «no ha salido», el país observa con cautela. Una captura de Morales en el actual clima de tensión con la COB y la emergencia energética podría ser el detonante de una nueva crisis social, o el cierre definitivo de la era del «evismo».





