Redes sociales y el desplazamiento de los medios tradicionales en la política boliviana

En este escenario, los medios digitales emergen como actores alternativos. Con presupuestos limitados, muchas veces apenas sobreviviendo en un contexto adverso, estos espacios encontraron en las redes una herramienta de igualación.

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Las elecciones generales de 2025 en Bolivia evidenciaron un cambio estructural en las formas de comunicación política. Si en procesos anteriores los medios tradicionales —prensa, radio y televisión— definían gran parte de la agenda pública, esta vez el eje gravitacional se trasladó a las redes sociales. Allí, más que programas de gobierno o cifras económicas, lo que prevaleció fue la capacidad de conectar emocionalmente con el electorado.

Durante la campaña, los debates televisivos, las entrevistas formales y la difusión de encuestas ocuparon la atención del denominado “círculo rojo”: analistas, periodistas, dirigentes y sectores urbanos con consumo político especializado. Sin embargo, ese universo resultó limitado. En paralelo, millones de ciudadanos participaron de otra conversación, construida en plataformas digitales como Facebook, TikTok, X y WhatsApp, donde circulaban mensajes más breves, directos y cargados de símbolos emocionales.

Este segundo espacio tuvo un alcance decisivo. La narrativa política se condensó en videos virales, transmisiones en vivo, memes y consignas que apelaban a la esperanza, la indignación o la identidad colectiva. Los candidatos que comprendieron la lógica de esta comunicación lograron superar las barreras de los medios convencionales y conectaron con públicos históricamente menos expuestos al debate formal.

Desde un enfoque académico, el fenómeno puede entenderse como una transición entre dos modelos de esfera pública. Por un lado, el modelo tradicional, jerárquico y centralizado, donde la agenda política dependía de los medios y de sus mecanismos de validación. Por otro, el modelo digital, horizontal y fragmentado, donde lo decisivo es la viralidad y la capacidad de resonar emocionalmente. En términos de Pierre Bourdieu, se produjo un desplazamiento del capital simbólico: los medios convencionales perdieron centralidad frente a las dinámicas distribuidas y desestructuradas de la red.

En este escenario, los medios digitales emergen como actores alternativos. Con presupuestos limitados, muchas veces apenas sobreviviendo en un contexto adverso, estos espacios encontraron en las redes una herramienta de igualación. Sin grandes recursos, pero con creatividad y cercanía, lograron instalar temas, fiscalizar narrativas y mantener presencia activa en la conversación pública. Su persistencia demuestra que no se trata solo de cantidad de recursos, sino de capacidad para adaptarse al nuevo ecosistema comunicacional.

En Bolivia, esta mutación se potencia por la desconfianza acumulada hacia instituciones, encuestadoras y medios tradicionales, alimentada por crisis políticas previas. En ese contexto, las redes no solo funcionaron como canales de información, sino también como espacios de identidad política, donde los ciudadanos encontraron un discurso más cercano y menos mediado.

El resultado electoral de 2025 refleja esta transformación. La eficacia de la campaña digital demostró que, en la política boliviana contemporánea, no basta con dominar la agenda mediática tradicional. La victoria se define en el terreno digital, donde las emociones viajan más rápido que los argumentos y donde la conversación horizontal termina moldeando percepciones colectivas.

En síntesis, las elecciones de 2025 marcan un punto de inflexión: las redes sociales no son ya un complemento, sino el escenario central de la competencia política en Bolivia. Y en este nuevo orden, los medios digitales —con poco presupuesto, pero con resiliencia y gran presencia— se consolidan como una alternativa legítima y necesaria para equilibrar la disputa comunicacional.

La Paz, 18 de agosto de 2025