En una declaración de inusual franqueza, el Comandante General de la Policía, Mirko Antonio Sokol, admitió hoy que sus efectivos se encuentran en una situación de vulnerabilidad crítica frente a las organizaciones criminales.
Tras los violentos sucesos en Yapacaní, que expusieron la capacidad operativa de bandas dedicadas al secuestro, Sokol sentenció que la institución ha sido «desprotegida» durante las últimas dos décadas, dejando el campo libre a grupos criminales con armamento superior.
La confesión no solo describe una carencia táctica, sino que se apega a la narrativa de la administración de Rodrigo Paz sobre el «desmantelamiento del Estado» heredado del periodo 2006-2025.
El general Sokol fue explícito al comparar las capacidades de ambos bandos. Mientras los grupos delictivos —muchos vinculados al narcotráfico y el sicariato— han modernizado su arsenal con tecnología de punta, la Policía Boliviana arrastra un rezago de 20 años en equipamiento básico.
Además, advirtió que el problema es sistémico porque las estructuras criminales han penetrado no solo las calles, sino también la Policía, la Fiscalía y el Órgano Judicial, dificultando cualquier intento de depuración interna o persecución efectiva.
Para revertir esta situación, el Gobierno ha lanzado un plan destinado a construir una «Policía más humana y moderna». La estrategia de Sokol busca romper la dependencia exclusiva del Tesoro General, explorando nuevas vías de financiamiento, generando fuentes de ingreso y captando cooperación internacional para adquirir «elementos indispensables» de defensa y ataque. De igual forma, se pretende integrar la vigilancia satelital (aprovechando la reciente alianza con Starlink) para inteligencia y rastreo criminal.
“La sociedad tiene que saber que nos han dejado una institución totalmente desprotegida”, subrayó Sokol, alineándose con el discurso del presidente Paz en Tarija. Para el alto mando, la inseguridad ciudadana no es un fenómeno espontáneo, sino el resultado de un «ambiente de impunidad» cultivado durante 20 años, donde el crimen organizado se apoderó de zonas estratégicas del país como el Norte Integrado de Santa Cruz y las zonas fronterizas.





