El viaje presidencial a Brasil y la agenda económica que viene desde 2024

"Encuentros" columna escrita por Martin Moreira

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Varios medios han destacado el viaje del presidente Rodrigo Paz junto a empresarios bolivianos para concretar acuerdos y acercamientos económicos con Brasil. Sin embargo, es importante recordar que gran parte de ese camino no comenzó ahora. Las bases de esta agenda bilateral ya habían sido establecidas previamente, especialmente tras el encuentro de julio de 2024 entre los presidentes Luis Arce y Luiz Ignácio Lula da Silva en Santa Cruz, donde se firmaron acuerdos estratégicos en energía, infraestructura, comercio y cooperación empresarial. En ese sentido, más que un punto de partida, el actual viaje parece ser la continuidad de una agenda económica que ya había sido abierta entre ambos países.

Los medios han puesto el foco en el viaje de empresarios bolivianos que acompañan al presidente Rodrigo Paz en su agenda internacional. Se presenta el hecho como una iniciativa novedosa o como el inicio de una nueva estrategia económica para el país. Sin embargo, una mirada más seria y menos coyuntural muestra otra realidad: gran parte de ese camino ya había sido abierto antes.

En julio de 2024 se produjo un hecho clave para la política exterior y económica de Bolivia: el encuentro entre el presidente Luis Arce y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, realizado en Santa Cruz de la Sierra. No fue una reunión menor. Participaron más de 200 empresarios de ambos países y se firmaron diez instrumentos bilaterales destinados a reactivar la integración económica y física entre Bolivia y Brasil.

Aquella reunión marcó el inicio de una etapa de cooperación estratégica en varios frentes. En materia de infraestructura, se impulsó la construcción del puente binacional entre Guayaramerín y Guajará-Mirim, una obra histórica de más de 1.200 metros sobre el río Mamoré con una inversión cercana a los 88 millones de dólares. Este proyecto, esperado por más de un siglo, busca facilitar el comercio hacia el Atlántico y reducir costos logísticos para la producción boliviana.

En el ámbito energético, se acordó fortalecer la exploración de gas natural con la participación de Petrobras para reponer reservas y garantizar el suministro regional. También se avanzó en la posibilidad de interconexión eléctrica entre ambos países y en el uso estratégico de la infraestructura de ductos para que Bolivia funcione como corredor energético del Cono Sur.

Otro punto central fue el desarrollo agroindustrial. Se firmaron memorandos para estudiar la instalación de plantas de fertilizantes nitrogenados en la frontera entre Corumbá y Puerto Quijarro, además de consolidar a Bolivia como proveedor estratégico de insumos para la agricultura brasileña.

A esto se sumaron acuerdos en salud, seguridad fronteriza y cooperación migratoria, además del respaldo político de Brasil al ingreso pleno de Bolivia al Mercosur, proceso que abre un periodo de adaptación económica y comercial de cuatro años.

Por eso, cuando hoy se observa a empresarios acompañando al nuevo gobierno en viajes y reuniones internacionales, conviene recordar que muchas de las puertas que hoy se cruzan fueron abiertas previamente. No se trata de desmerecer la gestión actual, sino de reconocer que la política exterior y la integración económica son procesos acumulativos, no improvisaciones de último momento.

El gobierno actual recibe además un conjunto de bases económicas que también forman parte de esa continuidad: la Ley del Oro, el pago de más de 1.500 millones de dólares en servicio de deuda externa, la estabilización de reservas internacionales en medio de una fuerte crisis política y un crecimiento histórico de las exportaciones del sector privado.

En el campo energético, uno de los pilares estratégicos es el Plan de Reactivación del Upstream (PRU), que abrió nuevas zonas de exploración con alto potencial gasífero. Entre ellas destaca el Subandino Norte, con estimaciones que superan los 18 TCF de recursos prospectivos, una cifra que podría redefinir el futuro energético del país si se gestiona correctamente.

Por eso, más que vender cada viaje o cada reunión como si se tratara de un nuevo comienzo, lo sensato sería entender que Bolivia necesita continuidad en sus políticas estratégicas. Si el nuevo gobierno decide profundizar esos acuerdos, ampliar mercados y atraer inversión para desarrollar el potencial energético y productivo del país, estará haciendo lo correcto.

La política exterior boliviana no debería limitarse a alineamientos automáticos con una sola potencia o bloque económico. Bolivia necesita una diplomacia pragmática, capaz de dialogar con Estados Unidos, China, Rusia, México, Brasil y cualquier socio dispuesto a invertir y comerciar en condiciones justas.

Cerrar puertas por ideología o abrirlas sin estrategia puede ser igual de perjudicial. Lo importante es que el país no regale sus recursos ni quede atrapado en esquemas donde otros fijan las reglas mientras Bolivia solo provee materias primas.

Si el actual gobierno continúa los procesos de integración energética, comercial y logística iniciados en años anteriores, el país puede beneficiarse. Pero para hacerlo bien, primero hay que reconocer algo simple: muchas de las bases ya estaban construidas.

Y en política, reconocer lo que otros dejaron no es debilidad. Es simplemente una señal de madurez institucional.

Martín Moreira
Forma Parte de la Red Boliviana de Economía Política

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