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Gobierno descarta subir el precio del GLP pese a la presión del contrabando

Las filas para conseguir gas se han vuelto parte del paisaje urbano, un síntoma de que el contrabando está siendo más rápido que la logística estatal.

El ministro de Desarrollo Productivo, Óscar Mario Justiniano, descartó hoy de forma categórica cualquier nivelación del precio del Gas Licuado de Petróleo (GLP) a valores internacionales. La decisión busca evitar un «golpe devastador» a la economía familiar, aunque deja al Estado frente al desafío de contener un contrabando que desangra las reservas ante la brecha abismal de precios con los países vecinos.

La política de mantener la garrafa de 10 kg en Bs 22,50 —un precio congelado por casi dos décadas— genera una distorsión económica sin precedentes en la región. Mientras en Bolivia el costo es casi simbólico, al cruzar la frontera el valor se dispara.

La diferencia de precios con el mercado internacional es de hasta el 800%, lo que ha convertido al GLP boliviano en el «oro líquido» de las mafias fronterizas. El ministro Justiniano reconoció que el ajuste sería «extremadamente fuerte» para el ciudadano común, pero admitió implícitamente que la subvención actual es el motor principal del desabastecimiento que hoy obliga a miles de bolivianos a realizar filas en las plantas distribuidoras.

Ante la negativa de subir el precio, la estrategia gubernamental se ha desplazado hacia la vigilancia técnica. El Ejecutivo analiza un refuerzo tecnológico en las fronteras que podría incluir sistemas de rastreo digital, con monitoreo del flujo de garrafas desde las plantas de engarrafado hasta los puntos de venta finales; vigilancia aérea por medio del uso de drones para detectar rutas de contrabando «hormiga» en puntos ciegos de la frontera con Perú y Argentina; Y control de identidad, realizando un cruzamiento de datos de la ANH para identificar compras inusuales o acopio sospechoso por parte de individuos.

Pese a los anuncios de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) sobre un refuerzo en la distribución, la realidad en las calles de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz es de zozobra. Las filas para conseguir gas se han vuelto parte del paisaje urbano, un síntoma de que el contrabando está siendo más rápido que la logística estatal.