En un vertiginoso despliegue de inteligencia táctica para capturar al prófugo exministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, efectivos de la Policía Boliviana y del Ministerio Público descubrieron un arsenal clandestino con artefactos explosivos artesanales en la ciudad de La Paz.
El ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, confirmó que durante el allanamiento a un inmueble en la zona de Villa Copacabana se incautaron cuatro bombas listas para su detonación inmediata, petardos de alto impacto, chamarras con la sigla de la DEA y el pasaporte de Aristóteles Calle, un exfuncionario de la gestión saliente identificado como el fabricante de los explosivos.
Los operativos se desencadenaron en dos frentes simultáneos. El primer allanamiento se ejecutó en una propiedad de la Urbanización Carandá, en Lomas de Achumani. Tras no encontrar a la exautoridad en el lugar, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) y el fiscal Julio Alejandro Porcel intervinieron un departamento registrado a nombre de Wendy Marcela Acuña Aparicio en Villa Copacabana.
En el lugar, la Brigada de Antiexplosivos de Bomberos neutralizó y secuestró cuatro dispositivos explosivos provistos de mecha lenta, 20 petardos de alto impacto, tres teléfonos celulares, indumentaria táctica con distintivos falsos de la DEA y la documentación personal de Aristóteles Calle, calificado por el Ejecutivo como un operador «clave» del entorno de Del Castillo.
De acuerdo con las revelaciones del ministro Oviedo, la hipótesis principal de Inteligencia establece que las bombas artesanales estaban destinadas a infiltrarse en las próximas movilizaciones sociales para perpetrar atentados violentos e infundir zozobra en centros urbanos.
Asimismo, ratificó que las actuaciones se realizaron bajo estricto mandato judicial y reafirmó la decisión de desarticular completamente este entramado, al que catalogó como una estructura de «narcoterrorismo» orientada a la desestabilización política e institucional del país.




