En una firme postura en defensa de la dignidad humana y los principios bioéticos, la Iglesia Católica de Bolivia, a través de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), expresó su rechazo a la legalización de la eutanasia en el país.
El pronunciamiento episcopal irrumpe en medio del incipiente debate abierto en la Asamblea Legislativa a raíz de la presentación de un proyecto de ley sobre cuidados paliativos y muerte asistida, impulsado tras la conmoción pública generada por el dramático caso de Aldrín Ichuta, un joven boliviano en fase terminal por cáncer que sufre dolores insoportables.
La CEB ratificó que la existencia humana constituye un don sagrado conferido por Dios del cual ningún individuo o Estado puede disponer deliberadamente.
«La vida es un don sagrado de Dios, no es una propiedad de la que podemos disponer de nosotros», aseveró la CEB en una carta pastoral dirigida a los fieles ya la sociedad. Frente a las voces que promueven la muerte digna asistida ante enfermedades irreversibles, la jerarquía católica argumentó que la auténtica compasión no radica en provocar la muerte del doliente, sino en brindarle acompañamiento afectivo, espiritual y médico.
«La verdadera respuesta al sufrimiento es el amor, el acompañamiento y el cuidado, nunca el descarte de quien podría ser considerado una ‘carga'», remarca el documento, que advierte sobre los peligros éticos de normalizar la eutanasia, lo que terminaría presionando a los enfermos, adultos mayores y personas con discapacidad a sentir que sus vidas han perdido valor económico y social.
Como alternativa fundamental, la Conferencia Episcopal instó al Gobierno y a los legisladores a concentrar los esfuerzos normativos y presupuestarios en garantizar el acceso universal a servicios de cuidados paliativos y tratamiento integral del dolor en el sistema de salud pública. Además, recordó que, si bien la curación clínica no siempre es factible, el deber moral de cuidar e infligir alivio permanece inalterable hasta el desenlace natural. «No hay enfermos que no puedan ser acompañados y cuidados (…). Una sociedad se mide por cómo trata a sus miembros más débiles, no por cómo se deshace de ellos», concluye la CEB.




