¿Aliados o simples interesados?

En Bolivia la política se vive más como un mercado de intereses que como un espacio de principios. La falta de formación cívica y la presión de la necesidad económica nos vuelven volubles, incapaces de sostener alianzas firmes y coherentes.

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En Bolivia solemos repetir la frase “la necesidad tiene cara de hereje” para justificar nuestras decisiones más volátiles. Lo cierto es que, como sociedad, no hemos logrado cimentar una filosofía política basada en principios sólidos de ética y moral. Esa fragilidad nos convierte, en muchos casos, en personas que no servimos ni para aliados, porque siempre terminamos inclinándonos ante el mejor postor.

La falta de convicciones profundas no es casual. Tiene raíces en la deficiente formación ciudadana y en un sistema educativo que nunca terminó de enseñar valores democráticos, ética pública ni pensamiento crítico. Así, transitamos de una corriente a otra sin cuestionar sus fundamentos, sin revisar sus propuestas y sin exigir coherencia.

Hoy la situación económica también juega un papel determinante: la urgencia por sobrevivir, por encontrar un ingreso, por asegurar la estabilidad mínima, termina pesando más que los principios. La política, en este contexto, deja de ser un espacio de debate de ideas y se convierte en un mercado donde se negocia lealtad a cambio de beneficios inmediatos.

Las corrientes políticas deberían reflexionar sobre esta realidad. No basta con seducir con promesas o prebendas, porque eso perpetúa la inestabilidad. Hace falta sembrar valores, formar liderazgos con ética, devolverle a la política el sentido de servicio y no de oportunismo.

Bolivia necesita una ciudadanía menos voluble, más firme en convicciones, capaz de sostener alianzas sobre la base de principios y no de intereses pasajeros. Solo así podremos romper con el círculo vicioso en el que, por falta de educación y por la presión de la necesidad, seguimos hipotecando nuestro futuro al mejor postor.