En un informe que sacude las proyecciones financieras del país, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que la economía de Bolivia registrará un decrecimiento del -3,3% durante 2026. Según el reporte de perspectivas económicas globales, el país enfrenta una combinación crítica de contracción del Producto Interno Bruto (PIB) y una inflación elevada que escalará hasta el 20,7%.
Estas cifras colocan a la administración de Rodrigo Paz ante el desafío de gestionar el peor desempeño económico de la región, en un escenario donde el desempleo también tenderá al alza, alcanzando el 4,5% de la población activa.
El pronóstico del FMI resulta más severo que el emitido la semana pasada por el Banco Mundial, que preveía una caída del -3,2%.
Ambos organismos coinciden en señalar la vulnerabilidad del modelo boliviano frente al contexto internacional, aunque han mantenido su respaldo a las medidas de ajuste implementadas por el Ejecutivo. Un dato llamativo del informe es el giro en el sector externo: el FMI proyecta que Bolivia pasará de un déficit en cuenta corriente a un superávit del 1,2% del PIB, lo que sugiere un drástico recorte en las importaciones o un cambio forzado en los flujos comerciales para proteger las divisas.
A diferencia de Bolivia, el resto de Latinoamérica y el Caribe muestra señales de resiliencia con un crecimiento proyectado del 2,3% para 2026. El FMI atribuye esta disparidad a que las economías importadoras de energía son más susceptibles a los choques externos derivados de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Mientras Centroamérica y el Caribe se benefician del turismo y las remesas, Bolivia queda expuesta al encarecimiento de materias primas y al endurecimiento de las condiciones financieras globales, factores que presionan los precios internos y deterioran el mercado laboral.





