La propaganda electoral en Bolivia ya ha comenzado. A menos de un mes para los comicios, el ruido político empieza a subir el volumen con promesas recicladas y discursos adornados de patriotismo económico. Los candidatos —de todos los colores y tamaños— no tardan en proclamar su amor por la producción nacional, su apoyo a los emprendedores y su supuesto compromiso con el desarrollo de una economía «desde abajo». Pero cuando se trata de respaldar a medios independientes, digitales y emergentes —los que realmente están en contacto con las nuevas audiencias y las voces ciudadanas—, la historia cambia.
Lo que vemos, una vez más, es una repetición de viejas prácticas: la inversión publicitaria de los partidos y precandidatos sigue concentrada en los grandes medios tradicionales, aquellos con estructuras antiguas y audiencias masivas pero muchas veces desconectadas de la dinámica real del país. Mientras tanto, los medios pequeños, digitales, con enfoque local o comunitario, que se sostienen con esfuerzo y que muchas veces son los únicos espacios donde se discute sin filtros, son ignorados. Ni una pauta, ni una mención.
Es irónico —y francamente indignante— ver a candidatos hablar de innovación, juventud, tecnología y economía digital, mientras sus equipos de comunicación no miran más allá de los canales de siempre. ¿Dónde queda entonces ese apoyo al emprendedurismo? ¿O acaso apoyar a medios independientes no genera réditos electorales?
Los medios emergentes no pedimos favores, pedimos coherencia. Si van a hablar de descentralización y democratización de la economía, empiecen por sus propias campañas. Apoyen a los medios que también están emprendiendo, que informan desde abajo, que tienen alcance real entre la ciudadanía joven, urbana y rural conectada.
Porque apoyar la economía también es invertir en los medios que la sostienen.








