En un discurso desde Porongo, el presidente Rodrigo Paz Pereira ha identificado a sus opositores, tanto de la izquierda radical como de la derecha tradicional, como «diablos» que se resisten a ser enterrados y que buscan, desde las sombras de la «vieja política», desestabilizar su proyecto de nación.
Las declaraciones de Paz no son casuales. Ocurren en una semana donde ha tenido que lidiar con fuegos cruzados: desde las críticas de Jorge «Tuto» Quiroga a sus 100 días de gestión, hasta las amenazas de movilización de los sectores leales a Evo Morales, pasando por el reciente incendio interno con los cívicos tras el «desliz» de la viceministra Barrientos.
El Presidente aprovechó el escenario en Porongo para delinear lo que sería el pilar ideológico de su segundo tramo de gestión: la consolidación de un centro político que actúe como escudo contra la polarización.
No obstante, admitió que su administración tiene desafíos pendientes (como la crisis de combustibles y la Chikunguña), y puso como principal logro el fin del autoritarismo y el retorno a una institucionalidad transparente.
Al no dar nombres propios pero mencionar la «mentalidad antigua», Paz ha metido en el mismo saco a todo aquel que cuestione su hoja de ruta, como aquellos que presuntamente financian bloqueos para recuperar privilegios del contrabando de diesel, quienes proponen recetas de shock «desfasadas del contexto social», y a los funcionarios que aún no entienden que el país «camina hacia el federalismo».





