Tras la abrogación del Decreto Supremo 5503, el analista financiero y excandidato presidencial, Jaime Dunn, ha lanzado una advertencia lapidaria: el gobierno de Rodrigo Paz ha cedido el timón de la política de Estado a la «izquierda fracasada». Según Dunn, el reciente conflicto no fue una disputa económica, sino una «medición de fuerzas» en la que el Ejecutivo terminó por retroceder, consolidando el poder de veto de los sindicatos.
La decisión de desmembrar el decreto original —eliminando las reformas estructurales para salvar únicamente el ajuste de las subvenciones— es leída por los sectores liberales como la rendición final del reformismo ante el corporativismo sindical.
Para Dunn, el mensaje enviado a los mercados internacionales y a la inversión privada es devastador. Al retirar los componentes que buscaban cambiar el modelo económico estatista, el Gobierno ha confirmado que las estructuras de poder heredadas del Movimiento al Socialismo (MAS) permanecen blindadas por la violencia callejera.
“La COB obtiene la victoria y el mensaje es claro: el modelo masista se ajusta, pero no se toca. El sistema prebendal y corrupto sostenido por estructuras sindicales sigue intacto”, lamentó el referente liberal.
El análisis de Dunn subraya un problema de fondo que trasciende lo técnico: la captura del Estado boliviano por intereses organizados que, a pesar de no tener representación electoral vigente, logran dictar leyes mediante el bloqueo de carreteras.
Además, la crítica de Dunn pone el dedo en la llaga de la gestión de Rodrigo Paz. Al acceder a redactar un nuevo decreto que solo mantiene la quita de subvenciones y los bonos sociales, el Ejecutivo ha pasado de intentar una reforma profunda a simplemente «administrar el estatismo en decadencia». Esta «victoria» de la COB, liderada por Mario Argollo, deja al país en un limbo donde el ajuste económico se siente en el bolsillo del ciudadano, pero las ineficiencias del Estado que lo provocaron permanecen inalteradas.





