Tras el impacto del informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), el presidente Rodrigo Paz salió al frente para validar las sombrías proyecciones económicas: «El FMI no miente, nos dejaron un país quebrado», dijo, apuntando contra el gobierno del MAS.
En declaraciones a EL DEBER, el mandatario defendió que la contracción del -3,3% y la inflación del 20,7% son la herencia de un modelo de gestión agotado, pero aseguró que su gobierno ya ha dado pasos firmes para «ordenar la casa», destacando la estabilización del dólar y la eliminación de las contrataciones directas que, según denunció, favorecían a «amigotes y compadres» en gestiones pasadas.
El Jefe de Estado aprovechó su última actividad oficial en Tarija para explicar que el 2026 es un año de transición y saneamiento financiero.
Según Paz, la transparencia en las licitaciones públicas y el corte de las redes de corrupción son los pilares que permitirán un crecimiento sostenido a partir del próximo año. «Se acabaron los privilegios; ahora buscamos transparentar cada proceso», declaró el mandatario, quien se mostró optimista respecto a la capacidad de recuperación del país mediante «reformas estructurales en sectores clave».
Asimismo, Paz adelantó que el Ejecutivo prepara un paquete de normas y leyes de hidrocarburos y minería para 2027, con el objetivo de cerrar la brecha extractiva con los países vecinos: mientras Chile y Perú generan ingresos mineros superiores a los $us 50.000 millones, Bolivia apenas alcanza los $us 6.000 millones.
Con el reordenamiento normativo, el Gobierno pretende atraer inversión extranjera y modernizar la explotación de recursos para revertir la crisis que hoy afecta directamente al bolsillo de los bolivianos.





