El embajador de la República Islámica de Irán, Bahram Shahabeddin, generó el repudio de autoridades locales y sectores empresariales tras expresar públicamente su deseo de que Cochabamba se convierta en la capital del país.
Las declaraciones fueron vertidas el lunes en el marco de la posesión de Leonardo Loza como gobernador de Cochabamba, donde el diplomático elogió la belleza de la región pero se inmiscuyó en un tema de alta sensibilidad histórica para el país. Ante la controversia, el Ministerio de Relaciones Exteriores recordó a las misiones acreditadas su obligación de no intervenir en asuntos internos, conforme a la Convención de Viena de 1961.
El pronunciamiento del embajador iraní fue tajante: “Espero que en el futuro Cochabamba sea la capital de Bolivia. Es muy bonita y me gusta”, afirmó Shahabeddin, desatando una reacción inmediata en La Paz y Sucre.
Diversos sectores interpretaron estas palabras como una intromisión inapropiada en la organización territorial del Estado. La alcaldesa de Sucre, Fátima Tardío, calificó la afirmación de «completamente fuera de lugar», recordando que la lucha por la capitalidad no es una cuestión superficial, sino un sentimiento arraigado que atraviesa episodios históricos críticos como la guerra civil de 1898 y los sucesos de La Calancha.
Por su parte, la Cancillería boliviana emitió un comunicado oficial manifestando su preocupación por los juicios de valor formulados por misiones diplomáticas a través de canales no institucionales. El documento subraya que, según el Artículo 41 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, los agentes extranjeros tienen el deber vinculante de respetar las leyes del Estado receptor y abstenerse de emitir opiniones sobre procesos políticos o administración pública local.





