El presidente de Chile, José Antonio Kast, inauguró este lunes las obras del “Plan Escudo Fronterizo” en el puesto de Chacalluta, lugar donde se dio inicio al cavado de zanjas y la construcción de muros que servirán para «cerrar la ventana» por la que han ingresado más de 180.000 personas de forma irregular en los últimos años.
La medida, que busca contener a una población migrante no registrada estimada en 320.000 personas, marca el comienzo de una estrategia integral que combina barreras físicas con alta tecnología militar.
“Queremos usar las retroexcavadoras para construir un Chile soberano, ese Chile que ha sido vulnerado por la inmigración ilegal”, aseveró Kast, quien enfatizó que la soberanía nacional se recuperará centímetro a centímetro.
El plan no se limita a obstáculos terrestres; el mandatario instó a los presentes a observar los nuevos puestos de vigilancia que cubren desde las alturas cordilleranas hasta el mar. No obstante, reconoció que las zanjas por sí solas no bastan ante el poder del crimen organizado: “Esto requiere una presencia permanente de las policías con el refuerzo de las Fuerzas Armadas y un trabajo a nivel internacional. Este es solo el comienzo”.
Por su parte, el ministro del Interior y «número dos» del gobierno, Claudio Alvarado, fue más preciso sobre la magnitud de la obra. Informó que la extensión de las barreras físicas pasará de los 3.000 metros actuales a más de 30.000 metros (30 km) en puntos estratégicos. Además, anunció que el personal destinado al control fronterizo se ha duplicado y que el objetivo es neutralizar los 90 pasos clandestinos identificados.
«En los próximos 90 días, esperamos que Chile entero pueda visualizar los resultados», sentenció Alvarado.
La construcción de zanjas en la frontera no es una novedad en la política chilena, aunque el enfoque de Kast es notablemente más agresivo. Incluso durante la administración anterior de Gabriel Boric, figuras como la entonces portavoz Camila Vallejo defendieron el uso de zanjas preexistentes para combatir el robo de vehículos y el contrabando hacia el extranjero. Sin embargo, Kast ha convertido esta herramienta en el eje central de su soberanía nacional, tras haber «invitado» sin éxito a los inmigrantes irregulares, en su mayoría venezolanos, a abandonar el país antes de su investidura.





